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Hierro: es fundamental para la vida, sirve para transportar el oxígeno en sangre, para la actividad respiratoria celular, para la replicación celular, para construir las estructuras de tejidos, órganos y músculos.

Un hombre adulto tiene entre 4-5 gramos de hierro, distribuidos de forma diversa; cerca del 70% del hierro se encuentra en los glóbulos rojos, ligado a la hemoglobina.
Cada día, el hombre pierde cerca de 1 miligramo de hierro debido a la descamación de las células viejas que revisten la piel y el intestino; de hecho, el intestino es la propia sede de la absorción exógena del hierro.
En la mujer en edad fértil, los ciclos menstruales pueden duplicar o incluso triplicar la cuota de pérdida.
El hierro que se pierde diariamente debe restituirse para poder mantener el correcto equilibrio natural.
Si esto no sucede, ya sea porque las pérdidas son excesivas o porque la cantidad absorbida es insuficiente, se desarrolla un estado de carencia de hierro que, con el tiempo, desembocará en la aparición de anemia.
Durante el embarazo, la ingestión de hierro ayuda al feto en la síntesis de nuevos glóbulos rojos y en el desarrollo psicomotriz.

Vitamina C: la aportación de vitamina C favorece la absorción del hierro, ya que impide su oxidación a nivel intestinal.

Ácido Fólico: no es producido por el organismo, así que debe incorporarse con la alimentación para, posteriormente, asimilarlo y utilizarlo. La necesidad diaria de Ácido Fólico, en condiciones normales, es de unos 0,2 mg.

¿Por qué es  tan importante el Ácido Fólico?

Es esencial para la síntesis de ADN, de proteínas y para la formación de hemoglobina, además es particularmente importante para los tejidos en proceso de proliferación y diferenciación, como los tejidos embrionarios.
En las últimas décadas, se ha reconocido que el Ácido Fólico es esencial para la prevención de malformaciones neonatales que se pueden originar en las primeras fases del desarrollo embrionario, concretamente para las relacionadas con el tubo neuronal.
En general, durante el embarazo una carencia de Ácido Fólico puede dar lugar, con más facilidad, a resultados adversos, tales como: retraso en el crecimiento intrauterino, parto prematuro y lesiones placentarias.
Durante el embarazo, la necesidad diaria de Ácido Fólico es de 0,4 mg, ya que el feto utiliza las reservas de la madre.
En los adultos, la carencia de Ácido Fólico puede manifestarse con anemia, relacionada a su vez con elevados niveles del aminoácido homocisteína, considerado índice de riesgo cardiovascular.

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